Voodoo Donas

by Jesus F Rodriguez

La marquesina

La marquesina

¿Se te antojan unas donas totalmente veganas, o mejor aún, cubiertas con tocino? O quizás las prefieras cubiertas con esos cereales para niños (Fruit Loops). O de plano, si estás preparándote para una fiesta, ¿que tal te vendría un ataúd de madera lleno de donas de todas formas y sabores? Pues todo esto puede ser real si vas a Portland, Oregón. Además, si eres emigrante, tantos sabores y colorido quizás faciliten tu proceso de integración aceptación a la nueva realidad.

Las donas son populares en Portland, pero no cualquier tipo de donas. Las Voodoo Doughnut son las apreciadas, las queridas. Son casi un símbolo de la ciudad. Y esto lo descubrí a mi manera, una calurosa tarde de agosto.

Dicen que todo lo bueno cuesta y no siempre es dinero. Y en el caso de las donas del Voodoo, esto es más cierto pues para comerlas debes estar dispuesto también a hacer fila y esperar un mínimo de 20 minutos a que te atiendan. Las filas son largas, las esperas también. Pero tu recompensa vendrá empaquetada en unas cajas color rosa, con dibujos de claveras -que a mis ojos parecían más al estilo de Posadas que al Halloween- y con la leyenda impresa que dice: “Good things comes in pink boxes”, la misma que despliega la marquesina del negocio.

“Una docena de las veganas, por favor. Las que tu escojas” le dije a la muchacha que me atendía después de haber pasado 36 minutos esperando. Sus brazos descubiertos contrastaban multitud de colores sobre su piel muy blanca, mostrando figuras y textos que no podía distinguir bien. La cabellera, corta y de color negro, su pelo lacio. Las sombras obscuras sobre sus ojos hacían resaltar los rasgos finos y hermosos de una cara que no había visto más de veinte veranos. Cuando se dirigió a la parte trasera para escoger las donas sobre los carros con charolas, note un color azul en una de sus delgadas y pálidas piernas asomándose entre unas botas negras-¿una ave de algún mundo mágico?-  y una falda corta. Esos tatuajes hacían juego con la música ambiental del lugar y las vestimentas y juventud de quienes atendían al público. Sus brazos lechosos con tatuajes de colores, escogieron de la vitrina sobre el mostrador las donas no encontradas en la parte de atrás y cuidadosamente fueron colocadas y acomodadas sobre la caja. “12 dólares, solo efectivo” y puso sobre el mostrador mi pedido. Guarde mi tarjeta, inservible en este negocio, busque los billetes y pague por aquella valiosa docena.

Salí del local y por el callejón la calle Ankeny caminé hacia la estación del Max- tren suburbano- a dos cuadras de ahí. A escasos pasos de mi recorrido el primer saludo de un extraño, quien sonriendo y levantando su pulgar en señal de aprobación, aplaudía mi buen gusto alimenticio y dejaba bien claro con sus ojos el haber reconocido la caja color de rosa.

En mi trayecto por el Portland Sunday Market, en la parada del Max, en el vagón del tren, en todas partes, las mismas miradas de aprobación seguidos del levantamiento del pulgar. Sonreían, no temían mirar la caja rosa ni directamente a mis ojos, aprobaban mi elección y se mostraban amistosos. Parece que se sienten tus cómplices, parece que te dicen “eres uno de los míos”, “tu si sabes comer”. Estas personas, habitantes de Portland, se identifican con el producto y en esta época de tantas campañas contra las maléfica fast food, parecen no considerar a las Voodoo Donas como chatarra. Más bien, la consideran parte de ellos y lo manifiestan con cierto orgullo.

Poco menos de una hora el recorrido del tren suburbano hasta la estación más cercana a la casa donde vivo. Muchas caras sonrientes me saludaron. Muchos pulgares alzados. Muchas posibilidades nuevas se abrían  para mí, pues de sentirme extranjero, diferente en idioma, cultura y raza a los habitantes de Beervana*, estaba descubriendo algunas de mis similitudes con ellos.

Y esas similitudes con los gringos, con los habitantes de Portland, se iniciaron con unas donas empacadas en una caja color rosa y calaveras. Poco a poco inicia mi integración a esta gringa sociedad y nunca imagine que fuera con un poco de ayuda de un negocio que se da el lujo de tener un Asesor de Donas entre sus empleados. Pero esa historia te la cuento en otra ocasión.

Tenía razón la leyenda en la caja escrita: “Good things comes in pink boxes“.

* Beervana – acrónimo formado de “beer” y “nirvana” uno de los apodos de Portlan, Oregón. Este sobrenombre se debe a que en esta ciudad existen más cervecerías artesanales per capita en la Unión Americana.
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