siendo escritor en la frontera

Aperíngela con ganas, carnal

El Pachuco José y su Grupo

Ese día la comunidad estaba de fiesta, por lo que decidieron que el Grupo del Pachuco José se hiciera cargo de la música en vivo. Estaba compuesto por cinco hombres y dos mujeres. Todos latinos, salvo un carnal de origen chino que tocaba el saxofón. Ellas y ellos con vestimentas a la usanza juvenil de los años cuarenta del siglo pasado. 

A la primera melodía los presentes se abalanzaron a la pista, luciendo sus zoot suit. Una pareja se alborota con la estrofa de la canción: “En el sábado en la noche / yo me voy a borlotiar / con mi linda pachucona, las caderas a menear…”. Él, sin saco, portaba tirantes obscuros que contrastaban con su blanca vestimenta. Una flor incrustada en la cabellera de su acompañante, resaltaba la alegría en su rostro moreno al ver los ágiles movimientos de su hombre. Sus miradas no disimulaban la querencia entre ellos mientras los pies y brazos de este dúo parecieran no querer ni necesitar descanso. 

Viéndolos tan entregados el uno al otro, Hortensia tuvo la certeza que su momento había llegado. “Abre tu corazón, mi’ja. Hoy puede ser tu día. Uno nunca sabe.” decía su abuela. 

Después de algunas rolas de swing el grupo cambió de género, animando aún más la fiesta. Entre la multitud dos almas solitarias esperaban los favores de la ventura. Sin conocerse siquiera, sin saberlo aún, estaban a punto de iniciar juntos un viaje a la tierra prometida. 

#1

El bullicio de los asistentes, gritos y sonrisas, llenaban por completo el espacio circundante. Abundaban los tacuches entre los presentes. Sacos que llegaban a las rodillas y pantalones bien fajados arriba del ombligo, lucían junto a las perneras anchas de puños ajustadas y valenciana. Algunos portaban una pluma de faisán en el sombrero. Muchos eran clientes de la tienda El Pachuco Zoot Suit ubicada en Fullerton, o alguna otra similar, que se especializaban en la venta de estas prendas. 

Inmersa en ese ambiente, Hortensia se sentía proud to be chicana. Con donaire lucía su vestido y zapatillas, escogidas gracias a las sugerencias de la misma Vanessa Estrella, nuera del fundador de esa casa comercial. Además de identidad, ese atuendo le daba el ancla necesaria para permanecer a ras del suelo, afianzando el contento de pertenecer al barrio. También albergaba la esperanza de mitigar el dolor de no tener un hombre con quién compartir sus días. 

Dispuesta a dejar que el destino hiciera lo suyo, Hortensia acomodó sus medias y con la mano alisó su cabellera. Estaba lista, en espera del milagro. Aunque pasaba de los cincuenta, creía firmemente en un destino mejor. Presentía que lo que estaba a punto de ocurrir, borraría por completo el recuerdo de su pasado. Las mal logradas relaciones anteriores dejarían de ser una espina en su corazón. 

Tony también llegó al festival con gran entusiasmo. Desde que se enteró del evento, las palabras de su madre resonaron en su mente. Ella no se quería ir de este mundo sin verlo con una mujer a su lado. Él exponía sus razones sobre lo difícil que es encontrar la pareja apropiada, pero esos pretextos no valían ante la sabiduría de una mujer con la experiencia que da una vida difícil. “No es bueno estar solo, mi’jo. Ya no pierdas el tiempo. Nadie va a llegar a tocar a tu puerta. ¡Sal a la esquina de tu casa y agarra a la primera que pase por la calle!

A sus sesenta y tres años, se sentía fuerte, tanto, que aún recordaba la forma de caminar como rey por las calles del East L.A. Siguiendo su costumbre, observó atentamente, aunque sin temor, a los presentes. El sentimiento de vivir en la selva hace mucho tiempo había desaparecido. Dejó de ser predador. Su mente estaba tranquila: no sentía deberle a nadie, ni quería cobrársela a otro ser humano. 

Ahí, frente a él, se encontraba Hortensia. Esta no era la esquina de su casa, pero las palabras de su progenitora parecieron materializarse. Sabiendo que para ser hay que parecer, se fue aproximando lenta, elegantemente hacia ella, quién, distraída, no se percató que era la elegida. Tony llevaba la mano izquierda dentro del bolsillo. Sentir la cadena que colgaba por su pierna y cuyo inicio se escondía prudentemente al interior de su holgado tramo, le daba seguridad. El vato estaba a pocos pasos de ella. Sus ojos se encontraron cuando Hortensia giró su rostro. Él tocó con dos dedos el ala de su tando, recorriéndola de atrás hasta la parte frontal. La seguridad y lo alegre de su rostro, fue correspondido por una coqueta sonrisa. Con su mirada Tony la invitó a bailar. 

El grupo anunció que las siguientes melodías eran para bailar de cachetito. ¡Aperinge a su morra, ese!, dijo el Pachuco José. Se escucharon los primeros acordes del Fotógrafo de las Estrellas, lentos, suaves. Hortensia reconoció ese danzón, aunque nunca supo el nombre. Se dirigió hacia él, acercándose lo suficiente para dar acuse de mensaje recibido y aceptado. Tony acortó presto la distancia entre ellos. Los dos gustaban de esta música. La madre de Hortensia procuró que aprendiera a bailarlo desde niña. Tony le agarró el gusto tomando clases junto a otros chicanos entusiastas en busca de sus raíces hispanoamericanas. 

Esa tarde de verano, Boyle Heights creaba las condiciones propicias para que estos dos seres se toparan. Era el escenario ideal para entenderse a ritmo de danzón. La pista y la música los esperaban. 

Sin apuros, en medio de la pista, iniciaron el baile. Para dar los primeros pasos ella esperó el comando de su hombre, y obediente, siguió su guía. Hortensia mostraba su felicidad sonriendo, y apegada al guion, trataba de no fijar la vista en Tony. Él buscaba insistentemente los ojos de su bailadora. Sabían los códigos, no eran improvisados. 

#2

La música cambió de ritmo y los dos dejaron de moverse. Tiempo de descanso. Con paciencia debían esperar el momento exacto para reiniciar el baile. Hortensia movió rítmicamente el abanico en su mano. La leve mueca de sus labios, y la alegría que brotaba de sus ojos, hicieron hervir la sangre de Tony. Era una tarde calurosa en Los Ángeles, mas para Hortensia la necesidad de flirtear minimizaba el calor ambiental. 

Tony, parado frente a ella, con garbo llevó el cigarrillo a su boca, haciendo patente la atención prestada a sus señales. Él cargaba con la responsabilidad de reconocer el momento preciso en que el baile reiniciara. Era su privilegio, lo que se esperaba de él y no estaba dispuesto a cometer errores. Sin esquivar la mirada de Hortensia ni la de otros, mantenía las piernas firmemente ancladas en el piso, con gracia y músculos atentos, aún flexibles. Su lenguaje corporal era el de un hombre seguro, que no sabe titubear en los momentos importantes. 

No había preguntas. Las palabras que intercambiaron fueron pocas. Se estaban dando tiempo. Se negaban a dejar que los lugares comunes, esas palabras tantas veces dichas y escuchadas, enturbiaran el momento. Hoy estaban dispuestos a ser ellos mismos. No permitiría que frases carentes de honestidad entorpecieran el otro lenguaje: el de la confianza y el deseo. 

Ella era de Pico Rivera, él del East L.A. Sus abuelos habían emigrado en los años veinte y empezó a gestarse otra realidad familiar. Para las nuevas generaciones ser chicano en Los Ángeles no fue fácil. En los setenta y ochenta las carencias, la marginación y la violencia, como siameses permanecían junto a ellos, al igual que sus sombras en aquellas tardes de verano cuando huían de la tira. En el barrio y en la vida se pagaban las consecuencias de no tener piel blanca y en el caso de Hortensia, había un pago adicional. Ser mujer en un sistema patriarcal y brown en tierra de güeros, fue como empezar la vida con el pie izquierdo.Desde temprana edad, en el seno de la familia, aprendieron a estar siempre en la lucha. Levantarse una y otra vez para seguir viviendo, sin importar las veces que cayeran al piso, aparentemente derrotados. Los lazos familiares eran cuerdas hechas de acero, donde se aprendía a sobrevivir siendo parte de una comunidad. A través del barrio preservaban su espíritu rebelde y su cultura. Por eso amaban a sus parientes, sus amigos, sus comidas, sus calles. 

Hortensia y Tony decidieron ir a este festival a celebrar. Cada uno a su manera, creían firmemente que los mexicanos nacen donde les da su chingada gana. Las vestimentas, el color de piel de los asistentes, escuchar los ritmos y letras que hablaban de cosas que les eran familiares, reafirmaban sus identidades y alimentaban el deseo para seguir adelante. Significaba celebrar que las cosas estaban bien. Era el grito de su raza atestiguando que seguían aquí, que no se irían porque esta tierra les era suya. 

#3

Hortensia levantó el meñique cuando dejó de mover el abanico. Tony aprovechó la señal para abrazarla. Su mano izquierda recibió la mano de ella y la levantó a la altura de su hombro. El brazo derecho rodeo la cintura y tocó su espalda. Ella sintió las manos fuertes de Tony y por su humanidad circuló una corriente eléctrica que le puso la carne de gallina. Su cuerpo no sabía mentir. Aún recordaba lo que era sentir el calor de un hombre a su lado. 

Tony lo notó y su cuerpo dejó que ese flujo también recorriera su organismo. Sus músculos se volvieron tan buenos conductores como el cobre. Acercó a la bailadora. Las carnes aún firmes de Hortensia también se transformaron, permitiendo que, después de permanecer tantos años almacenada, la sobrecarga fuera liberada. En ese instante, como un torrente, fluyó impetuosa hacia su destino. 

La belleza de Hortensia dando finos pasos de danzón, le reafirmaron a Tony que la velada estaba en su mejor momento. Por su parte, ella estaba segura que el universo actuaba a su favor. Lo sintió desde el momento en que lo vio acercarse. El movimiento de la pluma en el sombrero de ese carnal le recordó el cortejo de las aves. Este macho alfa, emplumado, elegante, cadencioso y sonriente, mostraba lo mejor de él para que ella lo escogiera de entre los otros del corral. Su vista, fija y penetrante, hicieron que la oferta no pudiera ser rechazada. 

#4

La noche llega y el baile termina. Salen de la pista despacio, con pasos cadenciosos, porque para esta pareja, la historia apenas comienza. Tony ofrece su brazo flexionado y Hortensia, firmemente lo amarra con el suyo. Así permanecen en su corta caminata hacia “La Luna”, en la 1ra y Soto. Acepta la invitación a cenar, no solamente por su deseo de saborear el pozole rojo, sino para sentir a Tony junto a ella. 

La música de fondo en el restaurante proviene de la radio. Mariachi y tríos principalmente. Aquí, en este rincón de Aztlán, en este restaurante donde las salsas aún pican, no se escuchan otros géneros. Por unos momentos a Hortensia no le hiere que, a dos cuadras de aquí, en el Ross Valencia Park, mataron a su primo Smiley. Por su parte, Tony recuerda su primera clase de teatro en Casa 0101 después de que salió del juvie, esa cárcel para menores a la que fue a parar por delitos cometidos en su adolescencia. 

Hortensia escoge beber un Jarrito de tamarindo. Tony automáticamente pide “a coke”, un vaso con hielo y dos limones partidos. Las enchiladas y el pozole en la mesa, eran propicios para el acercamiento sentimental a estos dos seres que se estaban dando la oportunidad de desprenderse de ellos mismos, so they can finally enamorarse de nuevo. 

Aman esta zona de la ciudad. Colindando con el East L.A., este lugar, a pesar de no ser el país mágico más allá de San Diego, era como sus vidas mismas: olía a México. También aquí rifa la piel mestiza y se saben afortunados por ser producto de dos culturas. Son Chicanos. 

Tony se siente bien de andar con su ruca, su morra, su mujer. Sin preámbulos dice: “I like you un chingo, esa. ¡Por vida!” Esas palabras hacen brotar capullos en el corazón de Hortensia y magnifican el orgullo que siente de estar aquí con su pachuco. 

Se dejan llevar como en las montañas de los Andes lo hace el gran pajarraco, sin oponer resistencia al viento, gozando, entendiendo que estar vivos es un honor. Sin oponer resistencia, dejan nacer y crecer sentimientos que den cuenta de su capacidad de amar. Estrechan la mano extendida, tomándola como puente que lleva a ese otro cuerpo que, ansioso, espera por ellos. Sin miedo, siguiendo el ritmo que les marca la existencia, porque ahora son dos que han decidido bailar juntos. 

Porque la vida es como un danzón, donde el gran pecado es bailarlo solo. 

ESCRITO POR: el Jelipe (J. Felipe Rodriguez Romero) Tijuana, México – 2025 

El sitio web de Rosa Ribas

Sitio wen de Rosa Ribas
Sitio web de Rosa Ribas

Recientemente visite el nuevo rediseñado sitio web de Rosa Ribas, una de las escritoras de novela negra más importante en la actualidad. Catalana de nacimiento, vive actualmente en Frankfurt, Alemania. Escribe novela, ensayo y mantiene un blog en el que frecuentemente publica textos cortos.

El primer libro que de ella leí fue “Don de lenguas”, escrito a dos plumas junto a Sabine Hoffman. Ambientada en la Barcelona de 1952 Ana Martí-periodista- aparece por primera vez como protagonista en compañía a Beatriz Noguer-filóloga- quienes junto con el Inspector Isidro Casto forman un trío muy disparejo, pero efectivo. El inspector Franquista en transición al arrepentimiento, la inteligencia y el arrojo de Ana y los conocimientos lingüísticos y literarios de Beatriz resultan ser las herramientas apropiadas para resolver un caso muy intrincado. Muy buena novela que te mantiene atrapado en su lectura.

Actualmente estoy leyendo “Entre dos aguas”, una aventura de la Comisaria Cornelia Weber-Tejedor. Al investigar la muerte de Marcelino Soto en Francfort, Cornelia, hija de madre española y padre alemán, se va reencontrando con sus raíces culturales. No se aún cual es el desenlace, pero puedo apostar que va a encontrar a los culpables del homicidio de Marcelino.

Tengo pendiente de comprar “El gran frío”, la más reciente aventura de Ana Martí, y leer “La detective miope”. Por lo pronto estoy disfrutando de las aventuras de Cornelia y las pláticas con su madre. Por cierto, este personaje me hacen entender mejor el porqué mi propia madre, cuando platica sobre sus conocidos, hace tantas referencias a detalles de sus vidas. Muchos aparentes desvíos y rodeos que a simple vista parecieran no tener mucho que ver con esa historia que me quiere contar, pero que dan una riqueza enorme del entorno humano de los hechos. Herencia hispana, tal vez.

Decía que Rosa Ribas también tiene su propio blog- bueno, en realidad son dos- donde narra historias cortas llenas de esos detalles de la convivencia familiar que forman esta maravilla que llamamos vida. Y además hay unas historias de lápices que vale la pena leerlas. En el sitio web-accesible en Castellano y Alemán- encontrarás referencias a estas dos bitácoras.

¿Te interesa alguno de sus libros? En rosa-ribas.com hay una buena colección de críticas a sus trabajos y referencias para que puedas comprarlos. Y créeme, son más de los que he nombrado este texto.

También hay un apartado donde puedes enterarte de la agenda de eventos en los que la autora participará. Y una serie de entrevistas que diferentes medios han hecho a esta autora. Las tierras del rincón tuvo el honor de entrevistarla y esto es lo que Rosa Ribas dice al respecto en su sitio web.

¿Ya leíste la entrevista publicada en este sitio? Te invito a hacerlo.

Date la oportunidad de visitar el sitio web de Rosa. En verdad lo vas a apreciar.

 

El lugar donde escribo

Mi recámara-estudio
Mi recámara-estudio

¿Dónde escribo? En mi cuarto, casi siempre. Una mesa de madera, una silla también de madera y ruidosa, un cojín sobre el asiento. Mi laptop sobre un colchón para enfriamiento de la batería.

Libros sobre la mesa recargados contra la pared donde veo títulos que prometen enseñarme el arte del bonsái, cómo escribir novelas o esas partes de la ciudad de México que Fabrizio Mejía describe con tanta lucidez. Literatura y ensayos que veo día a día, noche a noche, complementan los otros libros que están en la parte superior de la cómoda, a unos centímetros de la mesa, donde coloco los de novela negra. Dos porta revistas que contiene mis cuadernos de notas, copias e impresiones de documentos que me interesan, unos DVD encima de los libros.

Un pizarrón blanco con los nombres de los días de la semana y cinco espacios bajo cada uno de ellos delineados en color negro. En la parte superior izquierda la palabra Mes al inicio del renglón, invitando a escribir con plumón lavable el nombre correspondiente.  Algunas anotaciones mías en color negro y azul, un número de 4 cifras que ya no recuerdo que significa. En las casillas de lado derecho, las más cercanas a mi cuando escribo,  números de tres y dos cifras separados con un guión que me dicen el número de palabras y el día que las he escrito. Doce anotaciones escritas a diferentes colores, sin algún orden en particular.

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Escritores de novela negra y como trabajan – Toni Soler

 ¿Te has preguntado cuales son los hábitos de trabajo de tus escritores favoritos? ¿Que música escuchan cuando escriben, dónde lo hacen, cuantas horas pasan derramando palabras sobre el papel o la pantalla?

 Esta serie de entrevistas darán respuesta a algunas simples preguntas que hice a algunos de los escritores de novela negra más importantes de este tiempo.

 Hoy Toni Soler nos da a conocer algunos de sus hábitos como escritor. Que lo disfrutes.

Antonio (Toni) Soler, escritor.
Antonio (Toni) Soler Palomares, escritor.

¿Podrías presentarte y decirnos que escribes (cuento, novela, ensayo, ….)?
Toni Soler, cuarenta tacos; autónomo ‘búscate-la-vida-como-puedas’ desde que acabé la carrera. Valencia es mi ciudad, donde nací, crecí y aprendí a disfrutar de la lectura. En todos sus rincones guardo un recuerdo y sin ellos estaría perdido a la hora de escribir. El género negro me apasiona y supongo que eso se nota en mis novelas.


¿Cuántas horas al día escribes?
Antes trataba de cumplir un horario, entre dos y cuatro horas al día por la mañana temprano, aunque ahora (acabo de ser papá) escribo cuando puedo, mucho menos de lo que me gustaría. Mi vida ya no es solo mía.

¿A qué hora del día prefieres hacerlo?
Lo dicho. Prefiero hacerlo entre las siete y las diez de la mañana, aunque mi próxima novela se está gestando de noche.

¿Te fijas un límite en palabras, o en tiempo? ¿o no hay límite?
Antes sí, ahora imposible. Avanzo hasta que me vence el cansancio.

¿Cuándo escribes escuchas música? de ser así, ¿qué tipo de música?
Nunca. Me distraigo con facilidad. Si escucho música escucho música. Ojalá pudiera hacer las dos cosas a la vez.

¿Qué tan seguido consultas Internet? ¿tienes períodos en los que te abandones totalmente al vacío de la Internet? ¿O te desconectas completamente de tu conexión a la red?
Desde luego. Incluso apago el teléfono móvil. Para disfrutar a tope de algo a veces hay que desconectar por completo de todo lo demás.

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Voodoo Donas – el asesor

Voodoo donas, el asesor.
Voodoo donas, el asesor.

Lo malo de ser agosto es que para poder disfrutar de las Donas Voodoo tienes que tomar en cuenta el tiempo de espera y aceptar que muchos más estarán frente a tí cuando llegues al establecimiento. Pero en verdad que vale la pena aguantar el calor y el tiempo invertido haciendo cola en esa línea que se antoja interminable a primera vista. Sea pues.

 Para mi suerte inicie la espera a la sombra de un árbol. Aquí, en la matriz, las colas siempre son largas. Después de unos minutos de estar en la fila escucho que alguien entabla conversación con un volumen de voz lo suficientemente alto -intencionalmente estoy seguro- para ser escuchado . “Hola, ¿como les va el día de hoy? No se asusten. No soy un tipo que se presenta al azar, soy un asesor profesional de donas…” (1) dice el tipo y escucho algunas risas suaves.

Forzando mi apariencia a la de turista tomo algunas fotografías de la fila y los trovadores, aprovecho para ver lo que ocurre a mis espaldas. Ahí está, veo al tipo que se presentó parado frente a dos veinteañeros, sonrisa en la boca y haciendo algunas preguntas para romper el hielo. Cabello rubio y ralo, patillas delgadas alargadas, camisa desabrochada mostrando una camiseta colorida, lentes obscuros. Planchado su pantalón. Era suelta su actitud, mostrando tener muy buenas habilidades para solciabilizar.

Que venían de California y deseaban probar las donas de Voodoo  le decían los interlocutores al asesor correspondiendo también con sonrisas. Uno de ellos, el más delgado y alto, no pudo tomar a tiempo el menú que le ofrecía el asesor profesional. Antes de que deshiciera el nudo de sus brazos cruzados, su compañero lo tomo solícitamente.

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Brasileiros en el LACMA

Músicos brasileiros
Músicos brasileiros

De todos los presentes quienes se mostraban más felices, en su ambiente, eran los brasileños. Esta tarde el lugar del evento les pertenecía, era de ellos, era su música. Y no es que los no brasileiros estuvieran a disgusto pero esta fiesta era de los que tenían el portugués como lengua madre, de los que que consideran el fútbol como una religión, los paisanos de Pelé y de Antônio Carlos Jobim.

Enseguida, casi pegados a nosotros, había algunos de ellos. Eran más mujeres que hombres. Algunas parejas también. Tomando el vino en copas de vidrio, degustando quesos, carnes frías, verduras preparadas como entremeses. Panes por aquí, algunas aguas o bebidas refrescantes por allá. Zapatos, platos desechables, manteles y cobertores en el césped para sentarse sobre ellos.

Platicaban en portugués, salvo cuando era presentado algún recién llegado. A estos fuereños se dirigían en inglés y saludaban formalmente dando la mano.  Los abrazos al parecer estaban reservados a los paisanos. A los demás se les saludaban cálida, aunque formalmente.

“Algunos de ustedes, brasileños, recordarán a Xuxa….”


Dijo Katia al micrófono. “Me da un gusto enorme saludar a una amiga aquí presente, quien trabajo como productora de algunos de sus shows…” Su brazo señalo a la mencionada, quien mandaba besos y aplaudía con los brazos muy pegados a su cuerpo y sus manos muy cerca a su boca. Rubia, delgada, de baja estatura, mostraba mucha emoción al recibir el reconocimiento de la cantante. Con sus manos juntas, formando una especie de cavidad con la que cubría su boca, mandaba de vez en vez besos o aplaudía el gesto de Katia.

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La ardilla de la Main Street

La ardilla de la Main Street
La ardilla de la Main Street

La primera vez que la vi corría sobre uno de los gruesos cables de energía eléctrica que se despliegan en paralelo por arriba de la calle en la acera de enfrente. Corría con gracia encorvando un poco su cuerpo cuando saltaba, con la vista al frente. Su piernas, musculosas. Su pelaje, brilloso. Su paso firme, despreocupado.

Es un trayecto de 25 metros el que recorre para llegar de un árbol a otro, sin necesidad de bajar al piso y andarlos sobre el pavimento.  Los dos árboles entre los que se mueve están situados en manzanas diferentes por lo que utilizar el cable le evitaba lidiar, además, con los vehículos que transitan por ahí.

 Después de esa primera vez la he visto muchas más. La veo corriendo apresurada o caminando tranquilamente, de ida y regreso casi siempre llevando algún tipo de alimento-seguramente nueces- en su boca. O quizás no sea la misma, porque en verdad es imposible para mí distinguir una de otra. Todas me parecen iguales, como si fueran clones.

No hay quien la moleste. No la persiguen, no la cazan, no la agreden, no la ahuyentan, no le temen, nadie se atreve a tirar sus árboles. No veo niños o jóvenes que les tiren con resortera o municiones. Más aún, en algunas casas le ponen bebederos para que tome agua o le dejan elotes completos para que se alimente. Parece que los habitantes de esta ciudad no la consideran una plaga.

Allá, arriba, todo parece tranquilo para ella. Salvo, quizás, cuando otra ardilla trata de cruzar al mismo tiempo y se encuentran en un camino demasiado angosto para las dos. Pero ni siquiera eso le preocupa. Simplemente una de ellas decide pasar por debajo del cable, sin detenerse siquiera a discutir con la otra cual camino tomar.

Aquí puede vivir tranquila y el alimento para las de su especie abunda. Este es un buen lugar para ella, donde se siente segura. Más segura que si fuera humano, adolescente, y alumno de alguna de las escuelas de este país. A ellos si les tiran a matar con armas de fuego de grueso calibre.

Me alegre por las ardillas. Me entristecí por una cultura que a veces pareciera no mostrar a su juventud las mismas consideraciones que tiene para estos roedores.

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Escritores de novela negra y como trabajan – Ricardo Bosque

 ¿Te has preguntado cuales son los hábitos de trabajo de tus escritores favoritos? ¿Que música escuchan cuando escriben, dónde lo hacen, cuantas horas pasan derramando palabras sobre el papel o la pantalla?

 Esta serie de entrevistas darán respuesta a algunas simples preguntas que hice a algunos de los escritores de novela negra más importantes de este tiempo.

 En este entrega Ricardo Bosque nos da a conocer algunos de sus hábitos como escritor. Que lo disfrutes.

Ricardo Bosque
Ricardo Bosque

 ¿Podrías presentarte y decirnos que escribes (cuento, novela, ensayo, ….)?

Soy Ricardo Bosque y nací en Zaragoza -donde siempre he vivido- hace exactamente medio siglo. El trabajo que me da de comer lo desarrollo en el ayuntamiento de mi ciudad y parte de mi tiempo libre lo dedico a juntar palabras en forma de novelas, relatos, reseñas literarias y algún artículo. Y otra parte de ese tiempo libre lo dedico a editar y dirigir la revista digital Calibre ,38, especializada en el género negro.

 ¿Cuántas horas al día escribes?

Menos de las que me gustaría, con dos pequeñajos de cuatro años corriendo todo el día por casa no se puede hacer más. Siempre que puedo y estoy con una novela, entre hora y media y dos, a poder ser todos los días.

 ¿A qué hora del día prefieres hacerlo?

Esta respuesta es complementaria de la de arriba: no es cuándo prefiero sino cuándo puedo, habitualmente de noche y, sobre todo, viernes y sábados. Y me gusta, no voy a negarlo.

 ¿Te fijas un límite en palabras, o en tiempo? ¿o no hay límite?

No, nunca. A veces me lo he propuesto y a la vista de que nunca lo he logrado he desistido de fijarme objetivos tan a corto plazo.

 ¿Cuándo escribes escuchas música? de ser así, ¿qué tipo de música?

Casi siempre lo hago, me gusta tener música de fondo, instrumental porque si tiene letra terminaría cantando. Jazz, étnica y clásica son mis favoritas, aunque a veces me permito -si la ocasión lo propicia- algo de pop o rock: The Cure, The Clash, Belle & Sebastian, Eels…

 ¿Qué tan seguido consultas Internet? ¿tienes períodos en los que te abandones totalmente al vacío de la Internet? ¿O te desconectas completamente de tu conexión a la red?

Nunca desconecto de la red, diría que soy casi un adicto. Como instrumento de consulta me resulta insustituible y, desde luego, como modo de estar en contacto con otros autores o con lectores que han tenido el detalle de leer alguno de mis libros.

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Buscando novia – el inicio

Busco novia
Busco novia

Buscar novia. Gringa, blanca, rubia, ojo azul, lindas piernas. A fin de cuenta estoy  viviendo en Gringolandia y en una ciudad donde abundan las güeras. Si, esto es lo que obliga y hay que anexarlo a esa lista de cosas por hacer antes de morir.

Es un buen momento de iniciar la nueva vida ¿y que mejor forma que tener novia, que caray? Vamos pues. Que esto sea anexado a mi ToDo list, wish list, bucket list. Ni modo, aceptar el hecho que a los 59 cumplidos ya la calaca anda no muy lejos.

Desconociendo la ciudad y no contando con mucho tiempo libre, la primera opción fue hacer una búsqueda en línea.  Si soy un amante de  ciertas tecnologías de este siglo, ¿porque no aprovecharlas para afianzar los lazos de unión mestizo-anglo? Sea pues. A tirarme un clavado a la red de redes.

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Brasil en el LACMA

En el LACMA* otra vez. El sábado, a las cinco de la tarde. Que Katia Moraes era la atracción principal. Vamos pues, dije sin muchas ganas. Entonces allá nos vemos yo llego por mi cuenta, a fin que hay transporte público para llegar al lugar del evento. Sale pues, allá nos vemos.

Me baje en la Wilshire y Faifax después que el desconocimiento de esta ciudad me hiciera tomar el camino largo. Por un lado de Urban Light, luego de sortear y dejar atrás un enorme grupo de ciclistas que platicaban en las rutas de acceso, busqué una mesa desocupada. La escogida, aunque chaparra, ni mi lonche ni mi hambre despreciaron. En un muy europeo pan acomodé el queso primero, después el jamón. La primer mordida a gloria me supo porque el hambre ya me había alcanzado. Faltando menos de veinte minutos para la cita y con el postre en mis manos, directo al área del concierto.

Al fondo el área cuyo foro esta rodeado de bien cuidados árboles, gradas a su espalda y jardín al frente. Pasos rápidos me impulsaban para ya no más dilatar mi presencia. Había llegado la hora de escuchar música de Brasil.

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